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Jeremy Rifkin

La Era del acceso
Buenos Aires: Paidós, 2000

Reseña de Orlando C. Aprile

 

 


 

LA ERA DEL ACCESO

 


En 1970, La Tercera Ola de Alvin Toffler impulsó el Shock del Futuro. Diez años después, llegaron las Megatendencias
de John Naisbitt. Ahora, Jeremy Rifkin preanuncia que la Era del Acceso revolucionará la economía. Los tres, y en muchos sentidos, le están dando la razón a Sir Winston Churchill cuando previno que “los imperios del futuro se empiezan a edificar en la mente”.

En esta nueva era, según el autor del recomendado de esta semana, las redes están desplazando a los mercados, y el acceso (a esas redes) a la propiedad de los bienes. “El capital intelectual es la fuerza matriz de esta nueva era y lo que más se codicia”. Los conceptos, las ideas, la imágenes —no las cosas en sí— son los artículos más valiosos de esta nueva economía.

Para Rifkin estamos transitando hacia lo que los economistas denominan la Economía de la Experiencia: “un mundo en el cual la vida de cada persona se convierte, de hecho, en un mercado publicitario” (el subrayado es nuestro).

Por primera vez en la historia, y gran escala, la producción cultural comienza a eclipsar a la producción física tanto en el comercio como en el intercambio, en todo el mundo. El lugar de los viejos gigantes de la era industrial, como Exon y General Motors, está siendo ocupado por Warner, Disney, Sony, Microsoft y PolyGram, todas empresas mediáticas.

Este desplazamiento se viene gestando desde hace casi un siglo. En este proceso, y en una primera instancia, los productos manufacturados fueron superados por los servicios básicos. Ahora, estos mismos servicios están dejando lugar a las experiencias. Es decir, a la comercialización de las relaciones humanas en función del acceso a la experiencias culturales. En pocas palabras, se está mercantilizando, comercializando y promocionado la cultura humana en toda su variedad y riqueza.

Cada vez, y en mayor medida, “compramos el tiempo de otros, su afecto y cuidado, su simpatía y atención” porque compramos la diversión, la cultura, la elegancia, y la imagen. En este contexto inédito, van desapareciendo las diferencias entre comunicación, comunión y comercio.

En esta Era del Acceso, Rifkin examina los principales cambios estructurales que conforman los fundamentos conceptuales y organizativos de la próxima era capitalista. La sustitución de los mercados tradicionales por las redes, la propiedad por el acceso, el ascenso de los bienes intelectuales, y la comercialización de las actividades y experiencias humanas. Sigue vigente el capitalismo, pero ya no se trata del capitalismo industrial sino del capitalismo cultural.

Porque, de hecho, vivimos inmersos en un mundo de símbolos, de redes, de bucles de retroalimentación, de conexiones y de interacción. Porque la cultura —
tal como lo sostiene el antropólogo Clifford Geertz es una red de significación y de comunicación integrada por el lenguaje, el arte, la música, la danza, el cine, la televisión...y también el software.

A diferencia de los teóricos de la información, esta nueva escuela antropológica interpreta la comunicación “como la creación de significados sociales mediante la transmisión de textos y mensajes; en consecuencia, comunicación y cultura son el anverso y el reverso de una misma realidad. Y si la producción cultural se transforma en el fin último del proceso de valor económico, el marketing adquiere una importancia excepcional. En esta nueva realidad, su función esencial (del marketing) es “inyectarle significación cultural a nuestras compras”.

La Era del Acceso nos lleva a plantearnos cuestiones fundamentales porque la problemática crítica no será solamente quien tendrá o no-acceso sino, sobre todo, cuestionarnos en qué mundos merecerá la pena implicarse y a qué tipos de experiencias valdrá la pena acceder. “De la respuesta a estas preguntas dependerá la naturaleza de la sociedad que vamos a construir en este siglo XXI”.